CENTRO DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES HISTORICAS Y SOCIALES

Objetivos Generales del CEIHS:

· Estudiar e investigar los distintos procesos históricos mundiales, nacionales y locales teniendo en cuenta los aspectos económicos, políticos, sociales y culturales, para lograr una comprensión acerca del funcionamiento de las sociedades en el presente y promover el desarrollo local.

· Recopilar, registrar y catalogar las diferentes fuentes de información para intentar analizar todos los hechos del pasado del hombre y poder así descubrir nuevos acontecimientos.

· Producir nuevos materiales bibliográficos y fuentes alternativas de información a partir de los resultados de los proyectos de investigación de cada departamento.

· Centralizar las actividades, la información, las fuentes y los recursos a partir de la articulación con otros centros de similares características y con otras organizaciones sociales en funcionamiento.


domingo, 25 de julio de 2010

GLOBALIZACIÓN Y EDUCACIÓN

Se denomina globalización a la etapa actual de expansión del capitalismo, basada en una reconversión de la forma de producción y circulación de bienes y capitales, que han producido un conjunto de transformaciones sociales y culturales.
Esta reconversión se produce a partir de la crisis de los ’70, conocida como la “crisis del petróleo”. Una de las consecuencias centrales del aumento del precio del crudo, fue la acumulación de capitales que regresarían a los países centrales en forma de capital financiero. Este excedente daría origen a dos tipos de inversión que modelarían los rasgos substanciales de la economía en esta etapa:
1. Valorización financiera (inversiones en negocios financieros; por ejemplo, prestamos a países subdesarrollados).
2. Inversión en desarrollo de nuevas tecnologías.
3. Estos elementos se encuentran en la base de las transformaciones sociales operadas en la sociedad capitalista:
a. Abandono del modelo Taylorista-Fordista.
b. Adopción de modelos productivos basados en alta tecnología y pequeñas unidades de producción.
c. Disminución del peso (número, grado de organización e influencia política) de la clase obrera.
d. Incremento de la importancia de los sectores de servicios en la economía.
e. Nueva fase de concentración económica – Transferencia de riqueza desde los sectores y países pobres a los ricos (el PBI per capita de los países del G7 creció un 22% entre 1985 y 1995. En los 47 mas pobres disminuyó en un 15% en el mismo periodo).
f. Reestructuración del Estado. Desmantelamiento del estado benefactor.
g. Aumento de la desocupación y nuevas formas de regulación laboral.
h. Aumento de la exclusión, marginalidad y violencia social.
i. Fragmentación social.
Esta simple enumeración debería ser integrada en la explicación de todo el proceso, dado que se trata de fenómenos concatenados y no necesariamente simultáneos.
Es importante destacar que este conjunto de fenómenos se vieron favorecidos con la caída de los países de la orbita socialista. La revolución tecnológica que produjo el capitalismo no pudo ser imitada por el “socialismo real” y potenció, hasta el estallido, la tendencia declinante (como fruto de sus contradicciones internas) de la Unión Soviética y sus satélites.
En muchos países subdesarrollados este modelo se impuso, en una primera etapa, mediante la coacción. A partir de los `80 se consolida un aumento del consenso (favorecido por el grado de fragmentación), imponiéndose progresivamente un nuevo “sentido común”, que permite la aplicación de políticas neoliberales sin necesidad de represión excesiva.
Los cambios sociales enumerados, si bien afectan a la totalidad del mundo capitalista, lo hacen con especial crudeza en los subdesarrollados.
En nuestro País, los efectos de fragmentación, exclusión y disgregación social, se hacen particularmente dramáticos, al haberse aplicado de manera inflexible el ideario neoliberal, que ha llevado a la casi desaparición de las funciones reguladoras del Estado, quedando este como un instrumento desembozado de los sectores dominantes.
Este cambio en las funciones del Estado halla su fundamento también en los cambios en la forma de producir. Ya no resulta necesario asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo (sobran trabajadores, sobra población), por lo tanto no es prioritario apuntalar la educación masiva.
A las transformaciones sociales, debemos sumar los cambios en lo cultural. Se impone una manera de pensar y actuar, calificada como posmoderna, que se pretende superadora de la modernidad y que se define, en muchos aspectos, por oposición a las principales corrientes de pensamiento imperantes en los siglos XIX y XX.
Además, el avance en las formas comunicacionales, ha colaborado en la imposición de una nueva lógica social, organizando el pensamiento a partir de las leyes de mercado.
Los principales cambios en lo ideológico-cultural de la sociedad podrían resumirse en:
El avance de lo privado sobre lo publico y el consecuente crecimiento del individualismo, el egoísmo y la competencia, que están en la raíz ideológica del proceso de fragmentación de la sociedad. Unido a esto podemos citar el retroceso de las ideologías universalistas, y las filosofías de la historia. Es decir, aquellas ideas que incluían una concepción del mundo distinta a la neoliberal. Entran entonces en crisis las nociones de tiempo y espacio propias de la modernidad, así como la de progreso. Paradoja de estos tiempos, en el ámbito de las ideas la globalización impone un grado cada vez mayor de fragmentación.
La introducción del individualismo en la política, reflejo de los conceptos enunciados en el párrafo anterior, a la par de alejar a la ciudadanía de la participación, genera el efecto de que, mientras se amplían los mecanismos formales de decisión ciudadana, se avalan pasivamente políticas socialmente regresivas.
La posibilidad de comunicaciones casi instantáneas y la ampliación de las técnicas que se utilizan en estas, han requerido un cambio en las nociones significativas.
Predominio de la estética visual sobre la estructura narrativa, característica de la modernidad.
Afán de consumo.
Cultura de la velocidad.
Desconfianza de la razón y desencanto frente a los ideales no realizados por la modernidad
Desaparición de dogmas y principios fijos. Agnosticismo, pluralidad de verdades. Subjetivismo.
Disolución del sentido de la historia. También la realidad se disuelve en fragmentos.
Pluralidad ideológica y cultural. Fuerte dosis de eclecticismo.
Distancia creciente entre generaciones.
Crisis de la ética: individualismo, narcisismo, hedonismo, flexibilidad de las costumbres, permisivismo.
Este conjunto de transformaciones socio-culturales, inciden en el ámbito educativo, tanto en lo institucional, como en los actores. Y le presentan un desafio: encarar esta situación desde una visión critica e impulsar una cultura escolar que contribuya a la creación y difusión de valores alternativos, que recuperen la solidaridad, la justicia, la inclusión social, es decir, aquellos olvidados por la cultura imperante.
El siglo XIX fue el periodo en que los sistemas nacionales de escolarización se organizaron en Europa y EE.UU. Las nuevas naciones independientes de América Latina, especialmente Argentina y Uruguay, miraron a Europa y a Estados Unidos buscando modelos para sus escuelas. No resulta casual que este desarrollo de la educación y los conceptos predominantes de universalización, coincidan con la necesidad de mano de obra calificada que generaron la revolución industrial y el primer proceso de mundializaciòn del capitalismo. En definitiva, la escolarización era una forma de reproducción del sistema. Transmitía, no solo conocimientos que permitieran la inserción social, sino que a la vez, reforzaba el “sentido común” que daba legitimidad al orden social existente.
En resumen, la escuela portaba y reproducía la ideología hegemónica.
A) Al ser portadora de la ideología dominante la escuela estaba identificada con la fe en el progreso, con el avance de la ciencia y con el modelo de la democracia liberal. Al mismo tiempo, reproducía y justificaba la división de la sociedad en clases y el orden jerárquico.
B) Si entendemos a la globalización como una fase del capitalismo que, por sus propias contradicciones, ha entrado en una crisis terminal (Beinstein, 1999), resulta difícil predecir si muchos de los valores de la modernidad no comenzarán a ser “rescatados” en los próximos tiempos.
Si, por el contrario, esta etapa es asumida como “el fin de la historia” (al decir de Fukuyama), los ideales de la modernidad habrán sido definitivamente superados y los fines para los que fueron creadas las instituciones educativas, perdieron toda vigencia. Aún la propia concepción universalista de la educación debería pasar a ser un recuerdo.
En lo personal, tomando como propia la primera opción, creo que, de todos modos, aunque desaparezcan los hechos que le dieron sustento, muchos de los cambios producidos en lo cultural, han venido para quedarse, y no hacen mas que ratificar la necesidad de reestructuración de la educación, ya planteada en la modernidad.

ALBERTO LOPEZ CAMELO

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